glutamato monosodico

El glutamato monosodico, o GMS, es uno de los ingredientes más controvertidos de los últimos tiempos. Por eso queremos informaros al respecto, porque sabemos que hay mucha información en internet que puede llegar a confundir. Esperamos que después de esta lectura, consigas llegar a una conclusión clara sobre qué es el glutamato y cómo puede afectar a tu salud.

¿Qué es el glutamato monosodico?

La Unión Europea lo clasifica como aditivo alimentario, cuyo código identificativo es el E621. En otras palabras, es un potenciador del sabor, pero no es un potenciador cualquiera. Se trata de uno de los más utilizados y, también, de los más polémicos. Es un aditivo muy popular en la cultura asiática, y en España se suele asociar con la comida china. Pero lo cierto es que hoy en día su uso está tan extendido en los alimentos procesados, que ingerimos mucho más glutamato del que imaginamos.

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El sabor Umami y el glutamato monosódico

Umami, o “sabor agradable, sabroso” en japonés, fue la denominación que inventó el profesor Kikunae Ikeda en 1908 para designar el sabor del ácido glutámico. También se le denominó el quinto sabor, ya que observó que ese sabor era diferente a los 4 que existían por aquel entonces: dulce, salado, ácido y amargo. El profesor comprobó que el glutamato monosódico era el responsable de dicho sabor y lo patentó para empezar a producirlo. Un año después, en 1909, se empezó a comercializar bajo la marca AJI-NO-MOTO. Ese fue el principio del uso del glutamato como potenciador de sabor. Como tal, aumenta la palatabilidad de una forma considerable, es decir, hace que el alimento que lo contiene sea más agradable al paladar, de ahí que sea tan apreciado por la industria y que lo utilicen con el fin de darle un sabor al que es difícil resistirse. Eso sí, por sí solo, el glutamato no sabe a nada.

¿Dónde se encuentra el glutamato?

Aunque es desconocido para la mayoría, el glutamato monosódico se encuentra de manera natural en algunos alimentos. Algunos de ellos son:

  • El jamón
  • El queso parmesano
  • El tomate
  • El salmón
  • La leche materna

Estos son sólo algunos ejemplos y consumirlos no tiene que preocuparte en absoluto.

El glutamato como aditivo artificial puede encontrarse en una gran variedad de alimentos. Algunos ejemplos son:

  • Las patatas fritas (especialmente aquellas con sabores artificiales)
  • Los aderezos
  • Las sopas preparadas
  • Las salsas

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¿Bajo qué denominación podemos encontrarlo?

Para que no nos confundiéramos, deberíamos encontrarlo bajo el nombre de glutamato monosódico, GMS o el código E621. Sin embargo, debido a que una de las formas de sintetizar glutamato es a través de hidrolizar proteinas vegetales, también es común encontrarlo con otras denominaciones como: proteína vegetal hidrolizada, proteína vetegetal hidrolizada de maíz, etc. Como verás, en esos casos es prácticamente imposible deducir que se trata de glutamato. La única solución es optar por alimentos frescos y sin procesar.

¿Cuál es la polémica en torno al glutamato?

Ya hace años que hay una polémica abierta en torno al glutamato. Se le acusa de provocar migrañas, asma, náuseas, alergias, depresión, etc. Sin embargo, se han realizado muchos estudios al respecto y no se han conseguido pruebas que demuestren que haya una relación entre dichos síntomas y la ingesta de glutamato. No obstante, algunos investigadores sí que han visto que un pequeño porcentaje de gente podría tener reacciones a este aditivo a corto plazo. Dichas reacciones son muy leves y no necesitan ningún tratamiento, tal y como indica la prestigiosa Clínica Mayo.

Entonces, ¿es peligroso el glutamato?

No, el glutamato monosódico no es peligroso. No hay estudios que demuestren que pueda ser perjudicial para el organismo, al menos, en cantidades normales. En concreto, la EFSA (la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) establece como límite una ingesta de 30 mg de glutamato por kilo de peso corporal. Se calcula que en occidente una persona consume alrededor de 0,5 gramos de media, así que no hay de qué preocuparse. Sin embargo, la misma EFSA ha pedido a la Comisión Europea una revisión de dichos límites. La razón es que es difícil contabilizar el glutamato que se ingiere a través de los productos procesados. Por ese motivo, la EFSA también ha pedido que se rebajen los límites de utilización de dicho aditivo en los productos más expuestos a contenerlo, como la bollería industrial, las sopas, las salsa, los sazonadores de carne, etcétera. De esta manera, se podría reducir el glutamato que ingerimos sin darnos cuenta con el fin de evitar posibles problemas futuros.

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La relación del glutamato con el aumento de peso

En realidad, el problema no es el glutamato, sino el consumo de los alimentos que lo contienen. Como siempre os decimos, una dieta saludable consiste, entre otras cosas, en evitar alimentos procesados. Los alimentos que contienen glutamato de forma artificial son procesados y, por tanto, deberías evitar su consumo. Pero no solo eso, como os hemos dicho antes, el glutamato aumenta la palatabilidad. Eso significa, que su mejor sabor hará que consumamos más cantidad de la que realmente necesitas. Si encima esa cantidad extra consumida viene de alimentos procesados con alto contenido en grasa, azúcares añadidos y otros ingredientes poco saludables, aumentamos considerablemente la posibilidad de aumentar de peso sin darnos cuenta. Por tanto, aunque el glutamato no es adictivo, hace que queramos seguir consumiendo los alimentos que lo contienen.

Nuestra recomendación

Nuestro consejo es claro, para evitar consumir glutamato, consume productos frescos y, a poder ser, locales y de temporada. Así evitarás consumir alimentos procesados con excesos de ingredientes poco saludables.